lunes, 5 de abril de 2010

Nuestra América Latina en peligro


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El fallecimiento de Orlando Zapata Tamayo en huelga de hambre en un hospital de La Habana, denominado “disidente” y que pertenecía a grupos contrarrevolucionarios en la isla, ha desatado una escalada anticubana, promovida y financiada desde Estados Unidos y apoyada desde los sectores más conservadores y reaccionarios de Latinoamérica y Europa.

Este suceso es el corolario, por ahora, de una serie de actividades que la representación de los intereses estadounidenses en Cuba, viene desarrollando desde largo tiempo. El 5 de diciembre recién pasado fue detenido en Cuba un empleado de la Development Alternatives Incorporated (DAI) en la mayor de Las Antillas, acusado de subversión.

El presidente y jefe ejecutivo de la DAI, Jim Boomgard, comentó que "el individuo detenido era empleado de un subcontratista de un programa que estaba implementando un subcontrato para ayudar organizaciones de la sociedad civil cubana". La “ayuda” en este caso era repartir material de comunicaciones a los sectores contrarrevolucionarios en la isla.

¿Qué es DAI? Es una empresa contratista norteamericana, entre varias, que presta servicios a la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID por sus siglas en inglés), en materia de seguridad que van desde mercenarios (Irak) hasta entrega de materiales de propaganda y tecnologías de comunicación a sectores conservadores y opositores a gobiernos progresistas en el mundo.

De la Alianza para el Progreso al Smart Power

Con el auge de las movilizaciones sociales y el avance de la insurgencia revolucionaria en diferentes países de América Latina y el Caribe, sobre todo con el triunfo de la Revolución cubana y la influencia de ésta en millones de pobres del continente, en los años 60 del siglo pasado, Estados Unidos elabora la Estrategia de la Contrainsurgencia y la doctrina de Seguridad Nacional, que fue enseñada a militares de todos los países, en la Escuela de las Américas asentada en Panamá.

La Estrategia de la Contrainsurgencia incorporaba elementos de apoyo y reclutamiento a políticos, medios de comunicación e instituciones para servir a los intereses de Estados Unidos en la región. Implicaba también desarrollar ayudas puntuales a campesinos y sectores pobres como una manera de intentar frenar las demandas sociales en esos ámbitos y evitar la formación o la incorporación a movimientos revolucionarios.

En este empeño, Estados Unidos desde el Departamento de Estado, crea en 1961 la USAID, como la encargada de la distribución de las finanzas de esa secretaría.

Cuando la estrategia de contención no pudo resolver, claramente no podía, la contradicción de clases expresada en una oleada de movimientos guerrilleros, gobiernos progresistas y socialistas, por sobre todo antiimperialistas, la estrategia de la contrainsurgencia adoptó, en los 70’s, el golpe de estado como la manera de resolver a favor de las clases dominantes y de sus propios intereses, las contradicciones existentes en esa época.


La Nueva/Vieja estrategia de intervención en América Latina

La adopción por parte de la administración Obama de la nueva estrategia de intervención en el mundo llamada “smart power” (poder inteligente), una suerte de combinación coordinada de una política que emplea el uso del poder militar junto con la diplomacia, la cultura, la comunicación, el poder económico y la política, muestra con meridiana claridad cuál será la política del imperio hacia nuestra región.

Los vientos de cambio que se han venido manifestando en varios países latinoamericanos, con la asunción de gobiernos más progresistas proclives a una integración regional sin Estados Unidos y críticos al sistema neoliberal de mercado, generan alta preocupación en el poderoso del norte y se preparan para profundizar el intervencionismo en la región.

En este empeño, la USAID, que a estas alturas ya ha pasado a ser parte integrante de la CIA, aparece como la punta de lanza en el apoyo financiero, técnico y profesional a los sectores conservadores de Latinoamérica.

La USAID y las agencias norteamericanas como NED, IRI y otras, así como las empresas contratistas de ella, entre las que se cuentan empresas de encuestas (para la desinformación y generación de opinión pública), de seguridad (como la DAI), Ong,s (como el Instituto Albert Einstein), tienen triste fama en el mundo:

Un artículo publicado por Eva Golinger, abogada, escritora e investigadora estadounidense-venezolana en la revista Koeyú latinoamericano escribe sobre la USAID: “En Haití, la USAID ha sido acusada de financiar organizaciones involucradas en el golpe de Estado contra el Presidente Jean Bertrand Aristide en 2004. Desde junio 2002, la USAID mantiene una Oficina para las Iniciativas hacia una Transición (OTI) en Venezuela, a través de la cual ha canalizada millones de dólares a la oposición contra el Presidente Hugo Chávez.
En Bolivia, la USAID fue expulsada este año por los habitantes de dos municipios, Chapare y El Alto, bajo la acusación de intervencionista. En septiembre, el presidente Evo Morales anunció la terminación del convenio oficial con la USAID debido al desvío de fondos multimillonarios hacia grupos separatistas que buscaban la desestabilización del país.

En el 2005, la USAID también fue expulsada de Eritrea y acusada de ser una agencia “neocolonialista”. Etiopía, Rusia y Bielorrusia, han ordenado la salida de la USAID y sus contratistas durante los últimos cinco años”.

El libro escrito por Jean-Guy Allard y la propia Eva Golinger “USAID, NED y CIA: La agresión permanente” Ed. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Caracas, Venezuela, 2009, realiza una detallada y documentada investigación de las actividades de estas agencias en el continente (se puede descargar gratis en formato PDF desde www.minci.gob.ve).

El presupuesto de la USAID y el Departamento de Estado para el año 2010, es de 2,2 mil millones de dólares destinados a América Latina: 447,7 millones de dólares son para “promover la democracia” en América Latina; 13 millones de dólares para “promover la democracia” en Venezuela; 101 millones de dólares para “promover la democracia” en Bolivia; 3 millones de dólares para un fondo especial para la OEA para consolidar la democracia representativa en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela”; 20 millones de dólares para la “transición hacia la democracia” en Cuba y el presupuesto del Comando Sur aumenta en un 2% para llegar a los 200 millones de dólares para el 2010 más 46 millones de dólares adicionales para mejorar la base militar de Palanquero, Colombia, para el uso estadounidense.

Todos estos fondos son canalizados a través de empresas e instituciones contratistas, muchas de las cuales pertenecen o son conspicuos miembros de éstas, a funcionarios del gobierno estadounidense.

No gracias, no necesito ayuda


“Promover democracias representativas” es el eufemismo que utiliza el imperio para desestabilizar gobiernos que aparezcan promoviendo democracia participativa, integración regional fuera de la órbita estadounidense y, por supuesto, seguir intentando destruir esa isla de dignidad llamada Cuba.

La pregunta que uno puede hacerse con justificada razón histórica ¿qué pasará de no funcionar esta “promoción de los valores democráticos al gusto y necesidad norteamericana?, ya ocurrió hace pocas décadas atrás y el resultado fue terrible para nuestra región. América Latina está en peligro y hay que prepararse para enfrentarlo.


marzo, 2010

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