domingo, 11 de abril de 2010

OEA: Una historia de servilismo e indignidad


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“Es fundamental que los pueblos latinoamericanos vean la necesidad y conveniencia de crear un instrumento que efectivamente sea independiente y soberano; que no se deje presionar por la acción norteamericana, y que impida que gobiernos serviles vayan a organismos como la OEA únicamente a apoyar la política de Estados Unidos, contraria a los intereses de nuestros pueblos”.
Senador Salvador Allende, Senado de la República, 5 de mayo de 1965.

Este discurso del entonces senador Salvador Allende, a raíz de la intervención militar norteamericana en Santo Domingo y la actitud tomada por el organismo regional en esos sucesos, grafica de manera elocuente lo que la Organización de Estados Americanos, OEA, ha significado en la historia de nuestro continente.

Es que la creación de la OEA se enmarca, por un lado, en la continuación de la doctrina Monroe, esa de “América para los americanos” (fe de erratas: donde dice americanos, debe decir estadounidenses) y en el contexto de la Guerra Fría por otro.

La referencia más directa a sus orígenes, se remonta a 1947, cuando se firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, que bajo el principio de la solidaridad continental, permitía incluso el uso de la fuerza si fuera necesaria para garantizar la paz del continente (claro que esa paz tenía que ver con el mantenimiento del orden establecido en cada país).

Los sucesos ocurridos en Bogotá, Colombia, en abril de 1948, en donde fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, abogado y líder liberal muy popular entre los pobres y capas medias, generó una verdadera insurrección popular conocida como el Bogotazo que fue reprimida a sangre y fuego. Este asesinato se produjo en medio de la conferencia panamericana que se desarrollaba justamente en Colombia y que dio origen a la OEA y que sirvió a Estados Unidos para levantar la amenaza del comunismo en la región, por lo que los postulados del TIAR, fueron incorporados a la Carta de 112 artículos.

Quedaba claro que la OEA se convertiría en la herramienta jurídica, política y, si fuera el caso, militar de mantención del “orden” interamericano. Orden y seguridad hemisféricas relacionadas con las luchas obreras, campesinas y políticas que en ese período empezaban a manifestarse en las calles de toda América Latina. De hecho su primer Secretario General, el colombiano Alberto Lleras Camargo, fue el principal apoyo que tuvo John F. Kennedy para implementar en la región su Alianza para el Progreso, que más que para el progreso, era la alianza para frenar las luchas populares y fue la punta de lanza de la estrategia de la contrainsurgencia.

“Te estoy buscando América y temo no encontrarte” Rubén Blades


"Es el principal foro multilateral de la región para el fortalecimiento de la democracia, la promoción de los derechos humanos y la lucha contra problemas compartidos como la pobreza, el terrorismo, las drogas y la corrupción", señala la organización en su página web.

Es interesante analizar las acciones que ha realizado la Organización en pos de tan nobles objetivos.

En 1954, Estados Unidos organizó tropas mercenarias que invadieron Guatemala y derrocaron al gobierno progresista de Jacobo Arbenz. La OEA no intervino y actuó bajo la política de hechos consumados.

En enero de 1962, en Punta del Este, Uruguay, se realiza la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores en donde se acuerdan nueve resoluciones. La cuarta fue la guinda de la torta: “Exclusión del actual Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano” con 14 votos a favor, uno en contra y 6 abstenciones, el organismo regional cumplía la voluntad de su jefe, Estados Unidos. Quién lograba así aislar a Cuba, política y diplomáticamente, lo que despejaba el camino para una larga serie de intentos por destruir la revolución.

En Abril de 1965, los tristemente célebres marines estadounidenses, desembarcaron e invadieron Santo Domingo. LA OEA dilató cualquier tipo de resolución, hasta que ya se había consumado la intervención, luego decidió crear una Fuerza Interamericana de Paz, violando su propia carta, de no intervención en los asuntos internos de los países miembros.

En la década en que las dictaduras latinoamericanas asolaron a sus pueblos, todas gestadas o al menos apoyadas por Estados Unidos, la Organización Regional, guardó triste y ominoso silencio.

En 1982, Inglaterra inició la Guerra de las Malvinas y puso a prueba la letra impresa del TIAR, que de acuerdo a este tratado, debía convocar la inmediata solidaridad con el país americano que sufría una agresión extra continental. Pues bien, Estados Unidos apoyó a Gran Bretaña y sancionó a Argentina. La OEA, para que no se dijera y consecuente con su lentitud en estos casos, hizo un llamado al cese del conflicto y un mes después condenó el ataque.
En 1983, tropas estadounidenses invaden Granada, que tenía en ese entonces un gobierno de corte socialista. La OEA por mayoría aprobó la acción como preventiva, después, siempre después, la condenó.
Cuando ocurrió el golpe militar en Haití, que derrocó al presidente Jean Bertrand Aristide, la OEA no sólo no intervino sino que dejó el problema, faltando gravemente a sus deberes, a las Naciones Unidas.
En el 2002, apoyó la intentona golpista contra el presidente venezolano, Hugo Chávez y tarde, de nuevo muy tarde, convocó a una sesión extraordinaria para debatir la grave incursión de las tropas colombianas, con apoyo de inteligencia estadounidense, a territorio ecuatoriano para asesinar al entonces vocero de las FARC, Raúl Reyes.

El discurso del senador Allende en 1965, refiriéndose al Foro Interamericano y que comienza este artículo, a la luz de todos los hechos sucintamente aquí relatados, demuestra que no estaba equivocado, que la Organización de Estados Americanos ha sido desde su fundación, un dócil instrumento de la potencia del norte para sus torcidos propósitos.

O como la acusó el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, en un artículo publicado en la prensa del miércoles, antes de aprobarse la resolución que levantaba la exclusión de Cuba del sistema interamericano, de ser cómplice de los crímenes de Estados Unidos contra Cuba y América Latina, "La OEA fue cómplice de todos los crímenes cometidos contra Cuba. En un momento u otro, la totalidad de los países de América Latina fueron víctimas de las intervenciones y agresiones políticas y económicas. No hay uno solo que pueda negarlo", dijo.

Como sea, los vientos de cambios que hoy soplan en el continente, permiten pensar que uno de los cambios que la región debe darse, es justamente el de una organización regional, sin Estados Unidos incluido, que sea verdaderamente de integración en todos los ámbitos y con el único norte, de generar el bienestar a sus pueblos que tanto han luchado y padecido en pos de ese objetivo.
(Publicado en Dilemas.cl en Junio de 2009)

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